Invocando a Jesús en la Oración
Invocando el nombre de Jesús podremos lograr una oración que sea muy eficaz porque su nombre es poderoso, ya que Jesús vive en Dios y Dios vive en él (Jn 14:10); después de su muerte y resurrección Jesús se encuentra a la derecha de Dios, es decir, en su intimidad, como Mediador (1 Ti 2:5) e Intercesor, entre Dios y los seres humanos (Ro 8:34).
Así mismo, todos estamos llamados a orar a Dios por el prójimo, a interceder por los demás, uniéndonos así a la oración de Jesús que intercede constantemente por nosotros, ya que está en la intimidad del Padre rogando por todos, y puede ayudar así a los que por su intermedio se acercan a Dios (Heb 7:24-25).
En el mismo sentido, Jesús les dijo que si sus discípulos se ponen de acuerdo para pedir alguna cosa, Dios la concederá, pues donde dos o tres se reúnan en su nombre, con ellos estará él mismo (Mt 18:19-20).
Así, como Jesús vive en unión con Dios, nosotros estamos llamados a vivir unidos profundamente a Jesús; esta unión se logra aceptando y manteniendo sus enseñanzas.
Si una persona está unida a Jesús y tiene una fe muy fuerte en él, y tal como Jesús, se esfuerza para hacer la voluntad de Dios, podrá transformar su vida y lograr todo lo que se proponga.
En conclusión, el poder que la persona adquiere de este modo se acrecentará si la fe en Jesús se vive en comunidad. La unión de varias personas que comparten su fe en Jesús hará que todo lo que pidan les sea concedido, produciéndose una oración con más fuerza y eficacia, como una sinergia creada por la oración y la fe que se comparte.
Notemos, entonces, que todos estamos llamados a vivir las enseñanzas de Jesús y a actuar en comunidad con otros, experimentando así el poder transformador que obtendremos al invocar su nombre en la oración, tanto para cada uno en forma personal como para el mundo que nos rodea, porque no hay nada imposible para aquellos que creen y se unen para pedir alguna cosa a Dios en el nombre de Jesús.