La Fuerza de la Oración en Comunidad

Las personas somos seres sociales que necesitamos de los demás para formar parte de una comunidad que nos pueda facilitar acercarnos a Dios mediante la práctica de la oración. La comunidad se establece cuando hay personas que se unen porque tienen propósitos comunes; hay entre ellas amistad y solidaridad, comparten ideales semejantes y tienen problemas similares. Por eso es importante el rol de la iglesia, de la congregación, de la familia o de los amigos cercanos para apoyar, animar y fortalecer a los integrantes del grupo en el encuentro con Dios a través de la oración.

Cuando los discípulos pidieron a Jesús que les enseñara a orar, él lo hizo con el Padre Nuestro, una oración formulada para ser rezada en comunidad. En ella Jesús les enseñó cómo debemos dirigirnos a Dios, que es el Padre de todos (Lc 11:1-4).

Jesús se reunía junto a los demás en la sinagoga de su pueblo; en ese lugar se oraba y se meditaba con la lectura de pasajes bíblicos, como lo señala el evangelio (Lc 4:16-21).

Tan importante como la oración personal que se hace a solas con Dios, es la oración hecha en comunidad. Jesús vio la fuerza que puede surgir de la unión de las personas que se juntan con un propósito. Por eso enseñó a sus discípulos que si dos de ellos se reúnen para pedir algo en su nombre, su Padre lo concederá porque cuando oren el mismo Jesús estará con ellos (Mt 18:19-20).

Al finalizar la última cena, Jesús y sus discípulos, que eran su comunidad, oraron cantando los salmos acostumbrados para la ocasión (Mt 26:30).

También leemos que después de la ascensión de Jesús, los apóstoles y las mujeres que lo habían seguido, junto a María, la madre de Jesús, formaban parte de la primera comunidad en Jerusalén, todos dedicados asiduamente a la oración (Hch 1:13-14). Así también, en eventos posteriores, cuando Herodes encarceló al apóstol Pedro, la iglesia oraba constantemente a Dios por él (Hch 12:4-5).

Se puede orar en comunidad leyendo y meditando un texto bíblico, tal como un salmo, una parábola de Jesús, o un trozo del evangelio. También se pueden utilizar oraciones hechas para ser rezadas en grupo, como la oración del Rosario o la del Vía Crucis. Podemos ver, entonces, que la oración en comunidad es tan importante como la oración personal. Ambos tipos de oración son necesarios y se complementan, de acuerdo a nuestra realidad de seres individuales y sociales.