El Espíritu Santo Puede Guiarnos para Hacernos Hijos de Dios

Dios es uno eternamente, integrado por tres personas distintas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Así como oramos al Padre y al Hijo, también podemos orar al Espíritu Santo.

En la Carta a los Romanos el apóstol Pablo nos dice que el Espíritu Santo es quien nos asegura que somos hijos de Dios (Ro 8:16), y en la Carta a los Gálatas nos dice que, si vivimos por el Espíritu, nos dejemos también guiar por el Espíritu (Gá 5:25). Por eso, en situaciones de confusión y de angustia, en los momentos de crisis cuando no sepamos cómo orar a Dios ni qué pedirle, podemos invocar al Espíritu Santo, que pedirá al Padre lo mejor para nosotros (Ro 8:26).

El amor es uno de los frutos más importantes del Espíritu Santo en la vida de las personas que lo reciben. El amor que produce el Espíritu Santo es diferente al amor humano, ya que proviene de Dios y es perfecto. Este amor es descrito en la Biblia como paciente y bondadoso, que perdura por sobre las dificultades, que todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta (1 Co 13:4-8).

Cuando el Espíritu Santo llena nuestras vidas, nos hace más amables y compasivos con nosotros mismos y con los otros (Gá 5:22-23). Nos da la capacidad de amar a nuestros enemigos y a aquellos que nos han hecho daño, así como a aquellos que son diferentes a nosotros. También nos da la gracia y la fuerza para amar a los demás sin esperar nada a cambio.

El amor del Espíritu Santo también nos lleva a buscar nuestro propio bienestar y felicidad. De igual forma, nos hace más dispuestos a servir a los otros, así como a perdonar y a hacer la paz con aquellos con quienes tenemos conflictos.

El amor del Espíritu Santo es un amor que nos transforma y nos hace semejantes a Jesús. Es un amor que nos lleva a amarnos a nosotros mismos y a los demás, de la misma manera que Dios nos ama a nosotros.

Primera Oración

Oración basada en Ro 8:14-15 y Ro 8:26-27.

Padre Nuestro,
Envíanos tu Espíritu,
Inúndanos de alegría
Y concédenos ser tus hijos
Por Jesús nuestro Señor.

Muchas veces sumidos en peligros y confusiones
Necesitamos sentir tu presencia en nuestras vidas
Para tener alegría y felicidad.
Pero no sabemos qué pedir para calmar nuestro corazón
Ni cómo pedir lo que queremos.
Por eso necesitamos tu ayuda, oh Santo Espíritu,
Porque conoces mejor que nosotros mismos
Las profundidades de nuestras vidas,
Nuestra historia, nuestros secretos más ocultos,
Nuestros propósitos más altos,
Y también todo lo que nos detiene y nos ata.
Ven Espíritu Santo en nuestra ayuda
Y ora por nosotros
Con palabras que sólo conoce el Padre.

Y así, guiados por el Espíritu,
Sumidos en oración profunda,
Arde nuestro corazón por la enorme alegría de experimentar
La presencia de Dios en nuestras vidas.

Amén.

El Espíritu Santo es el Espíritu del Padre; Jesús dice a sus discípulos que cuando él ya no esté con ellos y sus enemigos los persigan y acusen, no tengan miedo porque el Espíritu del Padre hablará por ellos (Mt 10:19-20); también leemos en la Primera Carta a los Corintios que Dios nos da la sabiduría por medio de su Espíritu (1 Co 2:10).

El Espíritu Santo igualmente es el Espíritu de Jesús, como lo dice el apóstol Pablo cuando indica que Dios nos envía el Espíritu de su propio Hijo (Gá 4:6-7), que nos transforma en hijos de Dios. Por otra parte, en los Hechos de los Apóstoles se narra que Pablo era guiado por el Espíritu de Jesús hacia las ciudades donde debía evangelizar (Hch 16:6-10).

Entonces, así como oramos al Padre y al Hijo, también podemos orar al Espíritu Santo, que después de la resurrección de Jesús es enviado para recordarnos y explicarnos las palabras de Jesús (Jn 14:25-26). Jesús lo anuncia también como el Espíritu de la verdad que estará siempre con sus discípulos (Jn 14:16-17), porque él es la presencia protectora de Dios en nuestras vidas, y Jesús nos asegura que podemos orar a Dios para que nos envíe el Espíritu Santo, como el mejor don que se puede recibir (Lc 11:13). Así, oramos para pedir que venga a nosotros y anime nuestra vida.

Segunda Oración

Oración basada en Sal 104:27-30.

Envíanos tu Espíritu, Señor,
Porque por tu Espíritu das la vida a todos los seres
que pueblan el mundo;
Tú envías tu Espíritu y viven las plantas, los animales
y los seres humanos.
Todos ellos existen porque les comunicas tu Espíritu,
Pero si les retiras tu fuerza, vuelven al polvo, como está escrito.
Señor, envíanos tu Espíritu
Y renueva nuestros pensamientos y nuestra mente.
Renueva nuestra vida.

Amén.