Enseñanza de Jesús Sobre la Oración Privada o Personal
La práctica religiosa tiene algunos aspectos privados que se mueven en un área estrictamente personal, ya que el llamado de Dios se dirige a cada uno, invitándolo a establecer una relación especial con él, porque, aunque formamos parte de una comunidad para crecer y apoyarnos en ella, la responsabilidad finalmente es siempre de cada persona. En este sentido, Jesús enseña que cuando alguien practica el ayuno, que esto sea sólo para Dios y no una ocasión para exhibirse frente a los otros (Mt 6:16-18), o que cuando la persona ayude al prójimo también esto sea una práctica privada que sólo Dios conozca, y que no se haga para destacar los méritos propios ante los demás (Mt 6:2-3).
Jesús enseña a sus discípulos lo mismo en relación con la oración: los instruye para que no busquen el reconocimiento de los otros orando a la vista de todos en lugares públicos. Por el contrario, les dice que se retiren a su pieza, cierren su puerta y oren al Padre, que está en lo secreto, en lo profundo de cada persona, y Dios los premiará al establecer con ellos una relación de intimidad y confianza (Mt 6:6). Es así que la oración personal nos ayuda a concentrarnos en nuestro deseo de unirnos a Dios y nos evita distracciones porque estamos enfocados en lo que realmente buscamos.
Esta oración nos permite hacer una reflexión profunda y verdadera junto a Dios, porque a él no se le puede mentir. Es la ocasión de meditar en lo que hacemos, en lo que nos sucede y en nuestras decisiones, sabiendo que Dios está muy cercano, porque como dice la Carta a los Hebreos, la palabra de Dios penetra los pensamientos más íntimos (He 4:12-13).
La oración a solas con Dios nos permite conocer mejor su voluntad y, por lo tanto, rectificar y cambiar de vida, de planes, de metas y objetivos. En el silencio y calma de esta oración personal, permitimos que Dios se comunique con nosotros en lo profundo de nuestra vida.
Está claro que podemos orar espontáneamente, con las palabras que brotan naturalmente de nuestro interior, pero la Carta a los Romanos nos dice que a veces estamos confundidos y que no encontramos palabras para dirigirnos a Dios. Sucede que a veces estamos descolocados por los acontecimientos, por las circunstancias, y entonces no sabemos cómo orar, ni qué pedir, ni cómo debemos pedir. En estos momentos lo mejor es buscar la soledad, retirarse y guardar silencio profundo, porque el Espíritu de Dios está pronto para inspirarnos y pide a Dios por nosotros, desde nuestro interior (Ro 8:26).
En forma parecida, cuando sufrimos una crisis en nuestra vida tenemos la sensación de que la oración personal, aunque se haga con intensidad y fuerza, no encuentra la respuesta que esperamos de Dios. Entonces aumenta la confusión, dando la impresión de que no hay una salida para esa crisis. Esto termina cuando nos damos cuenta de que aunque los caminos de Dios muchas veces son incomprensibles y él parece estar lejos de nosotros, estos caminos finalmente nos fortalecen avanzando nuestra evolución personal.
Jesús practicó frecuentemente la oración personal para estar así más cerca de su Padre y empaparse de su voluntad, y nos invita a imitarlo y a escuchar a Dios. En muchas ocasiones se apartaba de sus discípulos y de la multitud que lo seguía y tomaba así decisiones importantes mediante una intensa oración privada (Lc 6:12-16).