Oramos Pidiendo la Ayuda de Dios

Pedimos ayuda sólo a quien le tenemos gran confianza, y por esto debemos pedir confiadamente a Dios cosas buenas para nosotros mismos y para los demás. La confianza en Dios se origina en la certeza que tenemos de que Dios nos ama, por lo que estamos invitados a pedir tal como un niño pediría algo bueno a sus padres. Es lo que nos enseña Jesús en la oración del Padre Nuestro cuando nos dice que pidamos al Padre el pan de cada día (Mt 6:11). En el evangelio de Mateo, Jesús nos anima a pedir, y nos enseña que si pedimos se nos dará, que los que buscan van a encontrar y a los que llamen se les abrirá la puerta. Y continúa Jesús preguntando si alguno de los que lo escuchan daría una piedra o una culebra a su hijo si éste le pide pan. Y concluye diciendo que si nosotros aunque somos imperfectos damos cosas buenas a nuestros hijos, con mayor razón Dios dará cosas buenas a los que se las pidan (Mt 7:7-11). La mejor ayuda y seguridad para nosotros es pedir la presencia permanente de Dios en nuestras vidas (Lc 11:13).

Sin duda que Dios nos da muchas cosas sin que se las pidamos, porque de él viene todo. En primer lugar, nos da la existencia, nos llama a vivir en este mundo. Nos da nuestra vida histórica en un lugar y tiempo, en una familia e integrados a un grupo humano. Y muchas veces interviene para salvarnos de riesgos, enfermedades y accidentes sin que lo pidamos, y sin que nos enteremos de su intervención. Dios hace salir su sol sobre justos e injustos y envía su lluvia a todos, sin hacer diferencias (Mt 5:45).

Sin embargo, Dios muestra una atención especial a aquellos que lo conocen y se ponen bajo su protección, a los que favorece en toda situación de riesgo y peligro (Sal 91:14-16). Entonces, que nuestro propósito sea el de ponernos siempre bajo la protección de Dios para recibir de él muchos y abundantes bienes, porque él conoce lo que necesitamos antes de que se lo pidamos (Mt 6:7-8), y luego podremos experimentar que Dios nos da más de lo que nos atrevemos a pedirle.

Como nos enseña Jesús, la oración de petición debe hacerse con fe, es decir, con confianza absoluta en Dios. Debemos estar seguros de que Dios todo lo puede, porque para él no hay nada imposible. Debemos tener la convicción de que aquello que estamos pidiendo ya está realizado (Mr 11:22-24), porque todo está en las manos de Dios.

La oración de petición también debe hacerse con mucha perseverancia, sin cansarse, hasta que la persona en oración alcance plena confianza en Dios y logre tener una fe poderosa. Como sabemos que Dios no necesita nada de nosotros, la perseverancia en la oración es necesaria para los que piden, porque por medio de la repetición de nuestras peticiones llegamos a convencernos del poder de Dios.

Moisés oró a Dios con insistencia y perseverancia para vencer a los amalecitas en Refidim. Mientras Moisés oraba con los brazos en alto, Josué se imponía; cuando por el cansancio los bajaba, tomaban ventaja los enemigos; ayudado por Aarón y Hur mantuvo los brazos en alto y oró todo el día hasta que Josué venció (Éx 17:8-13). La oración persistente y perseverante de Moisés es semejante a la actitud de la viuda que pide justicia al juez injusto de la parábola de Jesús, que sin cansarse importuna al juez hasta que le hace justicia frente a sus contrarios (Lc 18:1-8), o a la parábola del vecino que insistentemente pide tres panes a su amigo para atender a sus huéspedes que habían llegado a su casa en plena noche; pide hasta que él se los da (Lc 11: 5-10). Estos ejemplos nos enseñan que tenemos que orar con mucha fuerza e insistencia, hasta convencernos de que aquello que pedimos se realizará. No temamos importunar a Dios, porque sabemos que su bondad no tiene límites.

El que necesita pedir algo debe pedir cosas buenas de acuerdo con la voluntad de Dios, para sí mismo o para otros, cosas que desea con toda la fuerza de su corazón. Así, podemos pedir que Dios mismo habite en nosotros, es decir, que vivamos continuamente en la presencia de Dios para vivir seguros y confiados.

Hay cosas muy difíciles que ocurren en nuestra vida familiar, laboral o de convivencia social que es bueno colocar en las manos de Dios. Son aquellas situaciones que sólo encontrarán solución con su intervención; son aquellos problemas que nos superan, para los cuales no encontramos salida; pero sabemos que Dios es todopoderoso y para él no hay nada imposible. En estas ocasiones es muy bueno recordar que Dios nos ha salvado muchas veces cuando estuvimos en situaciones riesgosas, por lo que la memoria de sus intervenciones servirá para aumentar nuestra fe y confiar plenamente en la ayuda de Dios que nos permitirá también salir airosos en las situaciones difíciles que enfrentamos en el presente.

El que pide debe estar completamente seguro de lo que necesita, debe saber qué pide y tener la seguridad de que lo conseguirá. Al salir de Jericó, Jesús encontró a un ciego llamado Bartimeo que clamaba y pedía misericordia a Jesús, en quien tenía mucha fe. Jesús lo llamó y le preguntó qué quería que hiciera por él. Entonces Bartimeo pidió algo preciso y concreto: recuperar la vista. Recobró la visión y siguió a Jesús (Mr 10:46-52).

La seguridad de obtener lo que estamos pidiendo se basa en nuestra fe en Dios, y en la confianza de que él nos escucha (1 Jn 5:14-15). En este sentido, Jesús reprocha la falta de fe que nota en sus discípulos y les dice que si su fe fuera del tamaño de un grano de mostaza tendrían confianza en sí mismos y nada sería imposible para ellos (Mt 17:20). Del mismo modo, Jesús reprocha a Pedro, porque si bien se atrevió a caminar sobre las aguas, en un momento dudó, tuvo miedo y se hundió entre las olas; Jesús le dice que dudó porque tenía poca fe (Mt 14:22-33). Entonces, la oración eficaz de petición es posible si la persona que pide está segura de que obtendrá lo que pide y no duda; así su petición se realizará tal como lo deseó.

En conclusión, la oración de petición es un acto de confianza y fe en Dios, nuestro Padre, quien nos ama y desea lo mejor para nosotros. La seguridad en el amor de Dios nos lleva a la convicción de que lo que estamos pidiendo ya está realizado: por esto debemos pedir continuamente que Dios aumente nuestra fe. Al confiar plenamente en Dios y en su amor, podremos enfrentar las situaciones difíciles de nuestra vida con esperanza y seguridad, sabiendo que para él no hay nada imposible.