Pedimos Hacer la Voluntad de Dios para Vivir en su Presencia

La oración para pedir hacer la voluntad de Dios está contenida en forma explícita en el Padre Nuestro, la oración que Jesús enseñó a sus discípulos. En ella pedimos que se haga la voluntad de Dios en la tierra así como se hace en el cielo; pedimos esto porque Dios es un ser, es una persona con voluntad. No es una energía impersonal que llena el universo, por el contrario, Dios es el creador de todo cuanto existe, de todo lo material y de todo lo espiritual. Dios es más que su creación, y la trasciende. Dios tiene para ella un propósito y una finalidad: su voluntad es que todos lo conozcan y compartan su felicidad y perfección, unidos a Jesús, Señor de todo lo creado (Ef 1:9-10).

Dios también tiene un plan para cada persona, plan que está dispuesto desde antes del nacimiento de cada uno (Ef 1:4). Dios tiene una misión para cada ser humano, lo que otorga un sentido y un propósito a nuestra vida, si nos esforzamos por conocer la voluntad de Dios.

La voluntad de Dios está plasmada en los corazones de todos los seres humanos (Ro 2:14-15), en los mandamientos escritos y en las enseñanzas de Jesús; nosotros, de acuerdo a nuestro libre albedrío, podemos hacer su voluntad o ignorar lo que Dios quiere para nosotros, porque Dios no impide el ejercicio de nuestra libertad.

El apóstol Pablo, en la Carta a los Romanos dice que no nos debemos dejar arrastrar por las tendencias del mundo, sino que, por el contrario, debemos tener el propósito de transformarnos y renovarnos interiormente, para así reconocer la voluntad de Dios que quiere que vivamos en el bien y seamos perfectos, ya que esto es lo que agrada a Dios (Ro 12:1-2).

En el evangelio leemos que María escuchó al ángel que le anunciaba que concebiría y traería al mundo al Mesías salvador de la humanidad; ella se enteró de su rol en el plan de Dios, cuyo punto central era el nacimiento de su Hijo. María, haciendo uso de su libertad personal, estuvo disponible para aceptar lo que se le pedía, y respondió al ángel que se hiciera en ella según su palabra. Esto es, que se hiciera en ella la voluntad de Dios (Lc 1:26-38).

Jesús enseñó que lo más importante era hacer la voluntad de Dios explicando esto en diversas ocasiones. Así, cuando estaba en una casa rodeado de sus discípulos y de mucha gente que lo seguía, le avisaron que su madre y sus hermanos querían verlo. Jesús les contestó que todo el que hace la voluntad de Dios es su hermano, su hermana y su madre (Mr 3:31-35).

Jesús dijo también que la voluntad de Dios es que toda persona que lo reconozca como el Hijo de Dios y crea en él reciba por esto la vida eterna, ya que el mismo Jesús lo resucitará (Jn 6:39-40).

También enseñó que para entrar en el reino de los cielos no basta con decirle “Señor”, “Señor”, sino que lo importante es hacer la voluntad de Dios; y hacer la voluntad de Dios es poner en práctica las palabras y las enseñanzas de Jesús; el que así actúa llega a ser como el que construye su casa sobre la firmeza de una roca (Mt 7:21-25).

La noche en que Jesús iba a ser apresado, se dirigió con sus discípulos al huerto de Getsemaní. Allí sintió una gran tristeza y oró pidiendo si era posible evitar los terribles sufrimientos que lo amenazaban, pero agregó que no se hiciera lo que él quería, sino que se hiciera la voluntad de Dios (Mt 26:36-46), ya que Jesús aceptó en todo momento su voluntad hasta las últimas consecuencias, confiando plenamente en la bondad de Dios.

Proponerse hacer la voluntad de Dios es una decisión tan importante que compromete toda la vida; es mucho más que creer que Dios existe o confesar que hay un Dios. Hacer la voluntad de Dios es esforzarse por manifestar en la vida el mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo, cumplir las enseñanzas de Jesús y descubrir de esta manera lo que Dios quiere para cada uno. Así podremos entender cuál es su voluntad viviendo continuamente en la presencia de Dios.