La Enseñanza del Salmo 91

Así como podemos rezar con oraciones espontáneas, que nos brotan del corazón, como peticiones o alabanzas a Dios, también lo podemos hacer con oraciones ya hechas que son tradicionales, como el Padre Nuestro, el Ave María, los Salmos y otras.

Estas oraciones es bueno repetirlas, meditar con sus palabras, relacionarlas con nuestras experiencias de vida y descubrir en ellas que Dios siempre está cerca de nosotros.

Los Salmos formaban parte de la antigua liturgia del templo de Jerusalén. Con ellos se alababa a Dios, orando con ellos y acompañándose de variados instrumentos musicales, especialmente de cuerdas.

Actualmente se conserva en la Biblia una colección de 150 salmos que tienen la forma de hermosos poemas, la mayoría atribuidos por la tradición al rey David, aunque en realidad son de distintas épocas de la historia del pueblo de Israel. Los temas son variados: entre otros, tenemos salmos de petición, de ayuda, de gratitud y de alabanza a Dios por su poderío y maravillosa creación.

Aquí comentaremos el Salmo 91, que es uno de los más conocidos, con el que se pide protección para el que ora y para su hogar.

Salmo 91: Dichoso el que se Acoge a Dios

En la primera estrofa, el salmista nos entrega las palabras de una persona que ama y confía absolutamente en Dios porque conoce su poder y bondad; él declara que vive protegido por el Altísimo, porque Dios gobierna todo, es superior a todo y superior al mal. Y se acoge a la protección del Todopoderoso porque él todo lo puede hacer; Dios es la fortaleza donde esta persona encuentra protección.

El poeta y autor del Salmo 91 se inspira en la actitud ejemplar de esta persona, que pone toda su confianza en Dios. En las estrofas siguientes describe lo que Dios hará por una persona como ésta, que ha buscado en él su refugio y protección.

Afirma que el que vive bajo el amparo y protección de Dios confía plenamente en él, y que esa confianza le permite superar cualquier miedo o temor. Ya no temerá ni a sus enemigos ni a las enfermedades, ni aún los peligros más difíciles de controlar como las pestes y plagas, porque Dios es su escudo y su defensa. Y aunque miles caigan y sean destruídos a su alrededor, y aún en los momentos de máximo riesgo, Dios lo protegerá con un cuidado especial y lo librará de peligros mortales. Porque confía absolutamente en Dios, recibe su protección en el diario vivir.

Por el contrario, si mira bien a los que viven lejos de Dios, se dará cuenta de que aquellos no podrán enfrentar con fuerza los riesgos y peligros a los que estén sometidos, porque no poseen la protección que tiene aquel que pone su confianza en el Señor (Sal 91:8).

El poeta salmista continúa diciendo que como esta persona se refugia en Dios, ningún mal lo destruirá y su hogar estará fuertemente protegido contra las desventuras (Sal 91:9-10). Dios protegerá sus pasos y enviará a sus ángeles para que estén a su lado, lo acompañen en todos sus caminos y lo sostengan para que no tropiece con obstáculo alguno; es decir, Dios mismo estará con él para que pueda vencer todas las dificultades que en la vida se le presenten. Podrá vencer y pasar por encima de sus enemigos, aunque éstos sean peligrosos como leones o víboras.

En la última estrofa del Salmo 91, el poeta usa como recurso literario palabras pronunciadas por Dios mismo que, en primera persona, confirman lo que el salmista ha venido diciendo. Le habla a aquel que confía plenamente en él, asegurando que lo librará y lo protegerá porque esta persona conoce su Nombre. Que conozca su Nombre significa que sabe quién es realmente Dios: un Padre lleno de amor, de misericordia y atención permanente hacia el que se ha acogido a su protección, y que por eso está muy unido a él y está seguro de su amor y su bondad. Sabe que si en la angustia y el peligro lo llama, Dios acudirá en su auxilio y lo salvará. Y no sólo eso, sino que también lo llenará de honores y le dará una larga vida sobre la tierra, como su corazón lo desea; por lo que gozará de la presencia de Dios en su vida y de su salvación y vida eterna.


En el episodio de las tentaciones de Jesús (Lc 4:1-13), el espíritu del mal cita la Biblia y hace una interpretación torcida del Salmo 91, pretendiendo que Jesús demuestre a los demás que él es el Hijo de Dios, y obligue a Dios a ayudarlo (Sal 91:11-12), enviándole sus ángeles para sostenerlo si se arroja de la parte más alta del templo. Jesús, citando correctamente la escritura (Dt 6:16), le responde que nadie puede tentar a Dios o ponerlo a prueba. Es decir, Dios cuida en todo momento a los que a él se acogen, pero nadie puede pretender utilizar a Dios.

Esta hermosa oración a la que tanta gente acude, será eficaz si la rezamos y meditamos reflexionando en el significado de sus palabras, renovando así nuestra decisión de acogernos al poder Dios, porque la verdadera eficacia en la búsqueda de la protección divina proviene de una conexión profunda con Dios como lo indica el salmo que estamos comentando. Orar y meditar frecuentemente con oraciones como el Salmo 91 puede ser útil para fomentar esta conexión y confianza, que nos permite sentirnos más seguros en la presencia amorosa de Dios.