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title: "Capítulo 22"
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# El Perdón, la Decisión más Importante

Perdonar es una decisión que nos hace olvidar o dar por superada una ofensa o deuda que una persona tiene con nosotros. Perdonar significa no guardar rencor ni mantener deseos de venganza contra el ofensor, a pesar del daño y sufrimiento que nos causó. Considerado así este punto, vemos que perdonar es un acto de la voluntad y de la razón, con argumentos que apoyan esta decisión; sin embargo, cuando se trata de llevar el perdón hasta lo profundo de los sentimientos llegando a lo que llamamos perdonar de corazón, surgen dificultades que a veces pueden sentirse como insuperables.                          

La palabra “perdonar”, formada por el prefijo “per” más “donar”, significa dar o regalar definitivamente aquello que el deudor debía. Perdonar es decidir el olvido de una falta; significa también eximir al culpable de una obligación. La decisión de perdonar puede ser expresada al ofensor o también el perdón puede ser otorgado en forma tácita, es decir, simplemente se olvida la ofensa. Esto porque,  si liberamos la mente y el corazón del resentimiento podremos dejar el pasado y enfocarnos en lo positivo del presente. Pero, el perdón, al olvidar la falta, no siempre significa el restablecimiento de la relación existente antes de la ofensa, porque perdón y reconciliación son términos distintos, pero, por supuesto, estrechamente relacionados.

Ya que todos los seres humanos somos imperfectos, las ofensas o daños mutuos son frecuentes, por lo que perdonar es también un acto de reconocimiento de la imperfección humana. Sin embargo, como el ser humano es por naturaleza un ser gregario y cada uno necesita de los demás, se hace necesario reconstruir en forma permanente el tejido social. Con el perdón se  recobra la paz y la tranquilidad, permitiendo que se restituya una relación más adecuada entre las personas. En efecto, el odio, el rencor y el deseo de venganza pueden destruir una comunidad, pero el perdón produce un cambio paulatino en las relaciones sociales, como una fuerza que va cambiando el mundo.

## Ejemplos de Perdón y su Fuerza Liberadora en el Antiguo Testamento

La Biblia contiene muchos pasajes que ejemplifican el perdón y su fuerza liberadora. Sin embargo, los relatos más antiguos se sitúan en un mundo violento donde predomina la venganza y el orgullo humano extremo. Caín mata a su hermano Abel, como consecuencia se aleja de su comunidad; pero si alguien lo matara, Caín sería vengado 7 veces (Gn 4:3-16). Un descendiente suyo, Lamec, mata a un joven por una ofensa y promete vengarse 77 veces si a él lo dañan (Gn 4:23-24).

En una sociedad donde predomina la violencia, la venganza desmedida parece ser el único camino posible, manteniendo el orden del más fuerte. Sin embargo, Moisés con la Ley del Talión se propone humanizar las costumbres buscando la justicia mediante un castigo que sea proporcional al daño, expresado en la forma de “ojo por ojo, diente por diente" (Lev 24:18-20). Con la Ley del Talión se busca una justicia legal y proporcional al daño, evitando así la venganza que destruye a la persona y a la comunidad.

Sin embargo, ya en el libro del Génesis encontramos la historia de José y sus hermanos, que expone un punto de vista distinto sobre la ofensa y la venganza, introduciendo un nuevo elemento: el perdón. En efecto, en este relato, la venganza y el desquite son reemplazados por el perdón de la ofensa, que restituye la armonía familiar. Sus hermanos venden a José a unos mercaderes que van a Egipto; lo hacen por celos y envidia. Sin embargo, José llega a ser el primer ministro del país, y en una época de hambruna reconoce a sus hermanos que acuden a Egipto a comprar alimentos. José no se venga de ellos, sino que los perdona, trae a sus familias y los establece con sus rebaños en las mejores tierras de ese país (Gn 37 y Gn 39-47).

## La Enseñanza de Jesús sobre el Perdón

Jesús inició su vida pública anunciando el Reino de Dios, que ya está en medio de la gente, no de manera material y física, sino de forma espiritual, como una transformación de las personas que van aceptando la presencia de Dios en el interior de cada uno y en el mundo (Lc 17:21).

En este sentido, el perdón otorgado a otros es un requisito para vivir en la presencia de Dios. Jesús muestra a Dios como Padre compasivo que va más allá de la justicia humana que obliga al deudor a pagar lo que le corresponde por la falta o la deuda que tiene con otro. Mientras que la justicia humana alcanza su mejor forma en la Ley del Talión, que se sintetiza en la fórmula de “ojo por ojo, diente por diente”, Jesús, al contrario de lo que dijo Lamec en otro tiempo, invita a perdonar 70 veces 7, es decir, a perdonar sin límites y a reconciliarse una y otra vez con el ofensor: un perdón ilimitado y constante. El perdón promueve, entonces, la positiva cooperación entre las personas y por esto, el desarrollo de la sociedad, en la que se manifestará a su tiempo el reino de Dios.

El perdón es entonces un don de Dios que permite que una persona pueda mirar a los demás con la misma misericordia y amor con que Dios nos ve. 

### Parábola del Hijo Pródigo

En la parábola del hijo pródigo, Jesús relata que un hombre tiene dos hijos. El menor pide lo que le corresponde de su herencia y se va lejos de la casa de su padre y despilfarra el dinero en una vida de desorden y derroche. Después de un tiempo, queda sin dinero y pasa necesidades extremas agravadas por una hambruna que se desata en aquel lugar. Al darse cuenta de su situación añora la casa de su padre, y aunque no se siente digno, decide regresar junto a él, ahora no como hijo sino como un jornalero más. Cuando vuelve, su padre lo vio venir porque estaba esperando su regreso. Recibe a su hijo, y sin escuchar sus explicaciones, lo viste, lo adorna y hace una fiesta para celebrar su regreso. Su hermano mayor se indignó por esto, y se negaba a entrar a la casa y a la fiesta. Pero el padre le dice que su hijo menor estaba perdido y fue hallado, que estaba muerto y ahora vive.

En esta parábola, el padre representa a Dios, que está siempre dispuesto a perdonar. El relato muestra, a la vez, las relaciones que Dios establece con los seres humanos y lo que espera de ellos. Notemos que cuando el hijo menor le pide la herencia, el padre se la da sin objetar nada. Su padre no lo presiona para que vuelva, sino que respeta su libertad, pero siempre confía en su regreso. El hijo, que representa a todo aquel que usando su libertad opta por vivir lejos de Dios, decide regresar a la casa de su padre cuando toma conciencia de lo que ha perdido, porque creyendo que sería más libre y que se realizaría plenamente como persona, se da cuenta de que ahora está solo y sufriendo; se arrepiente de lo que ha hecho y toma la decisión de cambiar de vida; confía en que su padre lo recibirá y acogerá de alguna manera. El hijo reconoce sus errores y está dispuesto a asumir las consecuencias; sin embargo, su padre le da mucho más de lo que él espera: lo perdona, es decir, olvida el mal que hizo y lo acoge con enorme alegría. Hace una fiesta en su honor y le restituye sus derechos de hijo.

Por otra parte, habla al corazón de su hijo mayor tratando de que comprenda que el regreso de su hermano es un gran logro familiar, porque lo importante no es el castigo, sino el amor y la reconciliación (Lc 15:11-32). 

En la oración del Padre Nuestro (Mt 6:9-13) Jesús nos enseña a pedir que Dios nos perdone nuestras deudas así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores, es decir, que nuestra acción de perdonar al ofensor ya se realizó plenamente. Esto está en la línea de darnos cuenta de que sólo cuando hemos perdonado las ofensas que nos hicieron adquirimos la experiencia liberadora del perdón que se da por amor, sin límites y sin condiciones. Si somos capaces de vivir esta experiencia suprema, seremos capaces también de entender el proceder de Dios hacia nosotros, que nos ama sin límites y sin condiciones, que siempre nos perdona.

## El Perdón como Medio de Transformación Personal

Si nuestra respuesta a una ofensa recibida es el resentimiento, el rencor y el deseo de venganza, lo que hacemos es mantener vivos los dolores del pasado. Hay que darse cuenta de que sólo el perdón puede hacer desaparecer el dolor asociado a los recuerdos que nos dañan para así avanzar en nuestro desarrollo personal, centrándonos en los elementos positivos del presente y lo que deseamos para el futuro. El perdonar los errores, ofensas o faltas del otro puede ayudarnos también a perdonarnos a nosotros mismos, reconociendo que somos imperfectos, que también cometemos errores y que dañamos muchas veces a los demás. Esto puede evitar que nos convirtamos en jueces de los que nos ofenden. Reconocer y perdonar nuestras propias faltas y errores nos facilitará comprender al otro y perdonar sus ofensas.

Los sucesos dolorosos de nuestra vida, como una traición o una calumnia, pueden acarrearnos mucho dolor y desilusión, ansiedad, miedo, resentimiento y una profunda y prolongada tristeza. Sin embargo, estas heridas emocionales pueden sanar con el perdón a sí mismo y al ofensor. Al perdonar nos liberaremos de las ofensas recibidas, y podremos comenzar a experimentar la calma y la tranquilidad en un proceso de sanación emocional que puede durar un largo tiempo. 

En estos casos el perdón puede reconectarnos con el amor al prójimo, reconociendo en esa persona ofensora actitudes de amor y bondad que pueden superar la ofensa recibida; esta actitud que nos mueve al perdón puede ayudar a sanar nuestras heridas emocionales y espirituales, experimentando la presencia de Dios en nuestras vidas.

## El Perdón y la Reconciliación

El perdón es una decisión personal, es olvidar la ofensa o deuda que hemos sufrido, es dejar atrás la ira, el rencor y el ánimo vengativo y de desquite con el prójimo. Perdonar, como lo hemos visto, es una decisión que nos libera y nos permite volver a enfrentar la vida con fuerza y optimismo. Perdonamos verdaderamente cuando no ponemos condiciones, estando dispuestos a perdonar siempre, sin límites.

Como el perdón es un acto personal, también es unilateral, es un don que se otorga a un ofensor muchas veces sin esperar nada a cambio.

Cuando una persona decide perdonar, esta disposición puede ser el primer paso que conduzca a la reconciliación, a olvidar un hecho doloroso y a recomenzar una relación de paz y amistad. Sin embargo, para que exista reconciliación, el ofensor debe reconocer su falta y tener la voluntad de no continuar con su actitud negativa. Entonces, la reconciliación nace de un acto de reciprocidad entre dos personas, una que perdona y la otra que se propone no recaer en el daño que ha producido. 

## Conclusión

Para el cristianismo el perdón está vinculado con el amor a Dios, con el amor a sí mismo y con el amor al prójimo. Dios perdona siempre a los seres humanos, quienes, mediante la enseñanza de Jesús, tienen la puerta abierta para acercarse a Dios. También, las personas están llamadas a reconciliarse entre ellas por el perdón otorgado por el ofendido y por el arrepentimiento del ofensor. Es más, si se perdonan las deudas de los demás, el que perdona será capaz de entender el infinito amor de Dios, que siempre perdona a los que buscan volver a él. Por otra parte, el hecho de reconocer la propia imperfección puede relativizar la ofensa recibida, quitándole dramatismo. 

Como los seres humanos están en mayor o menor grado alejados de Dios, se ofenden y agravian mutuamente casi como norma cotidiana, introduciendo el odio, el rencor y el sufrimiento en sus relaciones. Aquí el perdón es de suma importancia como única forma de romper la estructura de violencia que trae muerte y destrucción. En el Padre Nuestro, Jesús nos enseña que Dios nos pide perdonar a nuestros deudores para que podamos experimentar plenamente su amor y su perdón. Jesús nos dice también que el perdón debe extenderse a los enemigos, a los que debemos amar y perdonar repetidas veces si es necesario. De esta manera, el perdón nos conduce a obtener la paz interior, la tranquilidad y la calma como punto de partida para nuestro crecimiento espiritual, que tendrá como principal objetivo el de vivir continuamente en la presencia de Dios.
