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title: "Capítulo 23"
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# El Ofrecimiento de la Vida a Dios es una Profunda Oración de Adoración

La oración de ofrecimiento personal es una forma de adoración a Dios y es un gran paso que podemos dar buscando el conocimiento de Dios y de su voluntad.

La ley de Moisés pedía realizar ritos, sacrificios y ofrendas de muchas clases, por medio de los cuales los israelitas adoraban a Dios. Estos rituales eran realizados por los sacerdotes, como mediadores entre Dios y el pueblo. Todas estas prácticas eran muy positivas porque llevaban a las personas a reconocer al Dios único, a arrepentirse de sus faltas y agradecer por todo lo que recibían, según la alianza establecida entre el pueblo israelita y Dios.

Sin embargo, los rituales pierden sentido si las personas concluyen que esta forma de religiosidad es la manera perfecta de relacionarse con Dios sin que se necesite más que cumplir los rituales para obtener una vida plena y en paz. Por eso los profetas proclaman que Dios quiere mucho más que rituales y sacrificios; enseñan al pueblo que Dios pide que una persona le abra su corazón y que se ponga en sus manos para que se establezca así una relación más profunda entre esta persona y Dios (Sal 51:15-17), porque lo que se debe buscar es amar y conocer a Dios (Os 6:6). En esa misma línea, Jesús reprocha a los maestros de la ley el haber olvidado que estamos llamados a ser comprensivos y misericordiosos con el prójimo, por encima del cumplimiento de los rituales establecidos (Mt 9:13).

El apóstol Pablo pide que nos pongamos por completo en las manos de Dios: es decir, que lo que pensamos, decimos y hacemos en la vida cotidiana debe estar en sus manos, de tal modo  que seamos ofrendas vivas para Dios. Esto lo podremos lograr si nos esforzamos por apartarnos de las poderosas influencias negativas que nos rodean, que nos atraen con fuerza llenando nuestra mente de confusión e incertidumbre. La decisión de rechazar estas tendencias nos permitirá renovarnos interiormente. La renuncia a nuestra manera habitual de vivir sometidos a los usos generales, y la renuncia a las costumbres establecidas para las cuales lo bueno y lo malo da lo mismo, es lo que nos hace libres para aceptar plenamente a Dios. Esto permitirá que vivamos continuamente en su presencia (Ro 12:1-2).

En la Carta a los Gálatas el mismo apóstol nos dice que al conocer a Jesús él ha muerto a su vida anterior, es decir, a sus conceptos acerca de Dios y a sus prácticas religiosas tradicionales, y en este sentido, ha sido crucificado con Jesús, así que ya no es él quien vive, sino que el Señor resucitado es el que vive en él (Gá 2:19-20).

Podemos, entonces, entender la oración de ofrecimiento como la disposición de una persona para ofrecer a Dios todo lo que sucede en su vida, tanto los momentos de paz y felicidad, como aquellos en los que siente que su carga es muy pesada, cuando está experimentando acontecimientos que ya no puede controlar con su empeño y voluntad. Entonces esa persona podrá orar para que Dios le dé comprensión y paciencia. Esto no es resignación, sino la firme creencia de que ese nudo que parece que no tiene solución, será desatado por el Señor, ya que para Dios nada es imposible. En este sentido, Jesús dijo que los que estuvieran agobiados y cansados acudieran a él para hacerles liviana la carga, es decir, para dar solución a las dificultades del ser humano, que encontrará así la alegría y la felicidad (Mt 11:28-30).

# Oración

Basada en Ap 3:20 y Mt 11:28-30.

*Señor, tú me dices*  
*Que estás a mi puerta y llamas.*   
*Permite que abra mi corazón*  
*Para que entres en mi casa y compartas conmigo*  
*Mis alegrías y las metas que quiero alcanzar,*  
*Mi esfuerzo por acompañar y servir a mi familia y amigos,*  
*Y mi propósito de ofrecer mis manos abiertas y acogedoras*  
*A los que buscan en mí algo que no tienen.*

*Y que en tiempos de crisis*   
*Y desilusiones,*  
*Ponga en tus manos mi vida*  
*Para que tú*  
*Tomes mi carga y me ayudes a llevarla.*  
*Yo llevaré tu palabra en mi vida*  
*Y así podré mirar con mirada distinta*  
*Las dificultades que ahora me abruman.*  
*Porque si estás en mí, Dios mío,*  
*Veré la realidad con tus ojos*  
*Para mi alegría personal*   
*y felicidad de los que están conmigo.*

*Amén.*
