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title: "Capítulo 17"
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# Orar con la Palabra de Dios

Meditar es pensar con mucha atención en la palabra de Dios; en este sentido, meditar es una forma de reflexión que nos permite concentrarnos en un pasaje de la Biblia para analizarlo y aplicarlo a la vida de cada uno.

Así, meditar o reflexionar es una forma de oración mediante la cual buscamos conocer la voluntad de Dios expresada en un texto bíblico para aplicar sus enseñanzas a nuestra vida diaria, de tal manera que ilumine nuestro pensamiento y nos guíe en nuestras acciones.

El salmista nos enseña que la palabra de Dios es como un manjar en la boca del que en ella reflexiona, que lo nutre con la sabiduría y que con sus enseñanzas ilumina los caminos de su vida (Sal 119:103-105). Meditar en un pasaje bíblico es orar disponiendo la inteligencia y la voluntad para entender y vivir lo que Dios nos dice.

Para hacer una oración de reflexión o meditación es bueno que nos concentremos, evitando así todo tipo de distractores que nos lleven a abandonar nuestro propósito. A través de la atención a nuestra mente, podemos ser conscientes de lo que nos presenta, ya sean actividades, pensamientos y recuerdos que nos desvían la atención, que debe estar centrada en la reflexión que estamos haciendo. Por eso es bueno que logremos un estado interior de silencio y quietud, indispensables para concentrarnos, de tal modo que toda nuestra energía física y mental esté ocupada en la oración, de acuerdo con la enseñanza de Jesús que nos dice que debemos amar a Dios con toda nuestra fuerza y con toda nuestra inteligencia (Mt 22:34-40).

Esto lo lograremos al reflexionar sobre la palabra de Dios en un lugar tranquilo, tomando una postura física cómoda y relajada, que nos permita estar muy atentos para entender lo que estamos orando y para apartar los elementos extraños si aparecen, de manera que se mantenga nuestra actitud de tranquilidad y paz interior cuando nos concentremos en nuestra oración. Es lo que hacía Jesús cuando trabajando en su taller en Nazareth esperaba su hora para manifestarse a la gente (Lc 2:51-52); al recibir el bautismo de Juan comprendió que había llegado ese momento, y se retiró a la soledad del desierto para reflexionar y meditar sobre su misión de acuerdo con la voluntad de Dios. Al final de su oración de cuarenta días descartó con fuerza todos los elementos extraños, que en forma de tentaciones pretendían apartarlo de su misión, y se manifestó a la gente anunciando la llegada del reino de Dios (Mt 4:1-11). Lo mismo hacía en su vida pública, cuando con frecuencia se apartaba de todos para reflexionar y decidir sobre sus acciones inmediatas (Lc 5:16).

A esto mismo nos invita Jesús cuando nos enseña a orar y dice que nos retiremos a nuestro cuarto y cerremos la puerta, porque en el silencio, la quietud y la tranquilidad de nuestro mundo interior podremos entender la voluntad de Dios. En forma parecida se expresa esto en la Carta a los Romanos, al leer en ella que es bueno buscar en nuestro interior, donde habita el Espíritu Santo, que nos inspira y nos dice cómo orar para conducirnos a Dios (Ro 8:26-27).

En este sentido, podemos decir que toda oración es de meditación o reflexión: si oramos en forma privada tenemos que tomar conciencia de lo que estamos diciendo o pensando, concentrarnos en lo que estamos haciendo, evitando la aparición de pensamientos o imágenes que nos desvíen la atención. Si oramos con una oración conocida, como el Padre Nuestro o un salmo, entonces es bueno rezar o leer atentamente el texto, tratando de entender su significado, reflexionando sobre lo que nos dice esa oración. Meditar es centrarse en los elementos del contenido de la oración y profundizarlos, reflexionando sobre la palabra de Dios para discernir y entender su voluntad.

Un ejemplo es la oración llamada Vía Crucis, que es una meditación en comunidad en relación con el camino que recorrió Jesús hasta el lugar de su crucificción y muerte, según se describe en los evangelios. Compartiendo estos textos centramos nuestra atención sobre cómo Jesús es sometido a juicio, carga con la cruz, es crucificado, y sobre su muerte y sepultura.

Orando así podemos agradecer a Dios por todo lo bueno que tenemos, por todo lo que nos da, reflexionando sobre su permanente preocupación por nosotros, aprendiendo a discernir entre los acontecimientos de nuestra vida para ver en ella su presencia. Para esto es fundamental lograr el silencio interior.

En conclusión, la meditación sobre la palabra de Dios es una forma importante de oración. Es un proceso que requiere de silencio interior, evitando las distracciones para centrarse en el contenido y significado profundo de las enseñanzas bíblicas. Como Jesús nos invita, es bueno buscar la quietud y el aislamiento para entender la voluntad de Dios desde nuestro mundo interior. Ya sea en la oración privada o en comunidad, el objetivo es siempre el mismo: profundizar en la palabra de Dios, discernir su voluntad y aplicar sus enseñanzas a nuestra vida cotidiana. A través de este acto de meditación y reflexión, seremos capaces de apreciar todo lo bueno que Dios nos ha dado y entender su constante presencia en nuestra vida (Mt 6:6).
