---
title: "Capítulo 1"
url: "https://libros.ambrosiotroncoso.com/2/respuesta-al-llamado-de-dios/21/capitulo-1"
---

# Debemos Saber lo Fundamental Sobre la Naturaleza de Dios

Dios existe eternamente como Dios único. Pero siendo un solo Dios, es una unión de tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Las tres personas comparten la misma naturaleza divina.

En las cartas y otros escritos de los apóstoles encontramos la proclamación de Dios como uno y trino: en la despedida de la Segunda Carta a los Corintios, el apóstol Pablo les desea que la gracia del Señor Jesús, el amor del Padre y la comunión del Espíritu santo permanezcan en esa comunidad (2 Co 13:11-14). Y en la Carta a los Efesios los exhorta a mantener la unidad que proviene del Espíritu Santo, porque hay un solo Señor, que es Jesús, y un solo Dios y Padre de todos, que está en todos y actúa por medio de todos (Ef 4:3-6).

Dios Padre se revela a los seres humanos como único Dios en el Antiguo Testamento llegando a establecer una alianza con Israel mediante Moisés, mediador entre Dios y el pueblo. Esta alianza  finaliza cuando Dios envía a su Hijo hecho hombre, que revela y muestra a Dios como Padre misericordioso y creador de todo lo existente, cuya voluntad es manifestar la plenitud de su reino entre los seres humanos. Por su sacrificio en la cruz, Jesús reconcilia a la humanidad con Dios y trae la salvación para todos. Todo esto queda registrado en el Nuevo Testamento. Después de la muerte y resurrección de Jesús, el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo que trae sus dones a cada persona para que cumpla las enseñanzas de Jesús y perfeccione su vida continuamente hasta hacer la voluntad de Dios.

## Dios Padre

Dios Padre es la primera persona de la Trinidad. En el Antiguo Testamento se proclama a Dios como el único Señor al que se debe amar con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (Dt 6:4-5). No hay otro Dios, y ante él se doblará toda rodilla y todos reconocerán que sólo en Dios están la victoria y el poder (Is 45:22-24 y Fil 2:10-11).

Dios es una persona, es decir, es alguien que se da a conocer y al que se puede conocer. Por eso se revela ante Moisés diciéndole su nombre. Dios tiene un nombre, no es una fuerza anónima que existe en el universo. El universo es su creación.

El nombre es la identidad de la persona; con su nombre se da a conocer a otros. Dios dice a Moisés: mi nombre es YHWH, es decir, mi nombre es Yo Soy, o Yo soy el que Soy, Soy el que Es (Éx 3:14-15). En otras palabras, Dios es el que existe por sí mismo, el absoluto, que no depende de otros para existir.

Dios da a conocer su nombre, pero éste siempre es un nombre misterioso, incomprensible para el ser humano. Por eso los israelitas no pronunciaban el nombre de YHWH; lo reemplazaron por el nombre divino de Señor o Adonai.

Dios es creador de todo lo material y de lo espiritual; es independiente y distinto de todo lo creado, trasciende su creación, pero interviene en su creación y la mantiene (Mt 6:25-26). También trasciende la historia humana pero interviene en su desarrollo.

Dios es un ser espiritual; Dios es el único ser inmortal, que habita en una luz inaccesible a la que no puede acercarse nadie; nadie lo ha visto nunca ni puede verlo. El poder y el honor son suyos eternamente (1 Ti 6:16).

## El Hijo

La segunda persona de la Trinidad es el Hijo, la palabra de Dios, que antes de la creación del mundo estaba con Dios y era Dios (Jn 1:1-2).

En el misterio de la encarnación, la palabra de Dios se hizo parte de la humanidad naciendo de María como Jesús, verdadero hombre, y como el Hijo de Dios (Jn 1:14-15). Por su encarnación, Jesús tiene dos naturalezas, la humana y la divina.

Jesús padeció y fue humillado hasta la muerte en la cruz por haber hecho siempre la voluntad de Dios. Por esto Dios le dio el nombre más grande del universo que es el de Señor, y ante ese nombre divino se doblará toda rodilla en los mundos creados: en el cielo, en la tierra y en los abismos. Así todos reconocerán que Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre (Fil 2:8-11).

Dios es invisible y nadie puede verlo, pero Jesús, que vive en unión íntima con Dios, vino al mundo para darnos a conocer a Dios (Jn 1:18). Dios se hace visible a su creación material y espiritual por medio de su Hijo hecho hombre. Todos los seres creados lo verán en Cristo Jesús resucitado, porque él es la imagen visible de Dios. Él es el resplandor de la gloria de Dios porque en Jesús reside toda la plenitud o poder de Dios y por él reconcilió consigo a todo lo que está en el cielo y en la tierra por medio de su sangre derramada en la cruz (Col 1:15-16 y Col 1:19-20).

Jesús es el sumo sacerdote de la nueva alianza y por eso es el mediador entre Dios y la humanidad. Dios hizo alianzas con los seres humanos preparando la alianza definitiva que establecería mediante su Hijo. Después del diluvio universal, Dios estableció su alianza con la humanidad y con todos los seres vivientes de la tierra, siendo Noé el mediador de este pacto (Gn 9:8-17). Para formar su pueblo de Israel Dios hizo su alianza con Abraham prometiendo a su descendencia la tierra de Canaán, mientras que Abraham debía creer en las promesas de Dios. El signo de esta alianza fue la sangre de los animales sacrificados y el mediador fue Abraham (Gn 9:1-4 y Gn 15:5-21). En la alianza del Sinaí el mediador fue Moisés: el pueblo se compromete a obedecer los mandamientos de Dios, y para Dios el pueblo israelita será su pueblo elegido (Éx 19:5-6). La alianza del Sinaí se confirmó con la sangre de los animales derramada sobre el altar y el pueblo. Esta es la antigua alianza. El sumo sacerdote del templo de Jerusalén, por esta alianza, entraba al santuario una vez al año y como mediador entre Dios y el pueblo ofrecía la sangre de los sacrificios de animales por los pecados de todos (He 9:7). Pero vino Jesús y se ofreció como sacrificio definitivo derramando su sangre para la salvación de muchos (He 9:11-12); por eso él es el sumo sacerdote en la nueva alianza y mediador entre los seres humanos y Dios (1 Ti 2:5). Es mediador porque por su sangre derramada en la cruz estableció la nueva alianza, porque habla en nombre de Dios a los seres humanos, revela quién es Dios y lo muestra como Padre que es origen de todo y que cuida toda su creación; al mismo tiempo, habla a Dios en favor de los seres humanos mediante su intercesión permanente por ellos. Jesús, el Señor, junto al Padre, intercede en forma permanente por nosotros.

## El Espíritu Santo

La tercera persona de la Trinidad es el Espíritu Santo. Al despedirse de sus discípulos en la última cena, Jesús les promete el Espíritu Santo que los guiará y les dará a conocer toda la verdad; mostrará a sus discípulos la gloria de Jesús, es decir, les hará saber quién es Jesús y la profundidad de sus enseñanzas (Jn 16:13-15); en este sentido, la Primera Carta a los Corintios enseña que nadie puede decir que Jesús es el Señor sino es por la inspiración del Espíritu Santo (1 Co 12:3).

Dios envía a los corazones el Espíritu de su Hijo para que los seres humanos lo puedan conocer como Padre lleno de amor (Gá 4:6). El Espíritu Santo es quien habita en el corazón de los seres humanos para transformar la vida de las personas, para que conozcan a Jesús y puedan llegar al Padre.

En la Carta a los Gálatas, el apóstol Pablo pide a los fieles de esa comunidad que se alejen de las malas tendencias personales que los conducen a una vida desordenada y que, en cambio, se dejen guiar por el Espíritu Santo que producirá en cada uno abundantes frutos en su vida como el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la humildad y el dominio de sí mismo (Gá 5:22-23). Y las personas que acepten en su vida a Dios recibirán algunos de los dones del Espíritu Santo, es decir, unos recibirán sabiduría, otros inteligencia, otros la fe, el don de sanar o el poder de hacer milagros, y otros la capacidad de discernir entre los espíritus falsos y el verdadero Espíritu de Dios. Estos dones están dados en beneficio de toda la comunidad (1 Co 12:8-11).
