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title: "Capítulo 4"
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# Para Hacer su Voluntad en el Mundo, Dios Llama a los Seres Humanos y Busca su Colaboración

Para hacer su voluntad Dios quiere la colaboración de los seres humanos, con quienes busca establecer una alianza. Los llama para que libremente cooperen en la construcción del mundo y en la llegada y manifestación de su reino. Y aunque siempre la alianza se establece a través de una persona elegida, que entendió especialmente el llamado de Dios, la finalidad es establecerla con todo un pueblo representado por ese hombre, por ese profeta. Esta colaboración a la que las personas están invitadas se manifiesta en las alianzas que Dios establece a través de la historia y que culminan con la alianza perfecta y definitiva establecida por Jesús.

En el caso de la nación de Israel el llamado es especial porque este pueblo fue formado durante siglos para recibir el mensaje de Dios en forma gradual y cada vez más perfecta. La relación entre Dios y los israelitas se ilustra también mediante imágenes como la del pastor y su rebaño (Ez 34:11-31) o con la imagen del alfarero y el barro o greda (Is 64:8), con la del padre con el hijo (Lc 15:11-32), con la del esposo y la esposa (Ez 16:8-14), y otras. En todas ellas se muestra la preocupación, el cuidado y el cariño que manifiesta Dios por su pueblo, al que exige fidelidad, pero que no abandona y siempre perdona.

Por eso en este sentido es muy importante la imagen de la alianza de Dios con su pueblo porque indica la idea de un compromiso mutuo: Dios se compromete y su pueblo hace lo mismo, esforzándose el pueblo por ser digno de ese compromiso.  
   
Aunque una alianza es una relación de reciprocidad entre dos partes, la alianza entre Dios y los seres humanos no es una alianza entre iguales. Dios toma siempre la iniciativa porque quiere favorecer a las personas. En este caso, la propuesta de una alianza significa que Dios tiene gran confianza en los seres humanos porque confía en que ellos van a cumplir la parte de la alianza con la que se comprometen, y aunque muchos fallen, siempre habrá una persona o un grupo que cumplirá.

Así, después del diluvio universal, Dios establece su alianza con Noé y con todos los seres vivientes: ellos deben volver a repoblar la tierra porque se inicia una nueva creación. Por su parte, Dios se compromete a no volver a destruir la vida de la tierra mediante las aguas. El signo de esta alianza es el arco iris entre la nubes (Gn 9:8-17).

Más adelante Dios hace alianza con Abraham para formar su pueblo elegido, Israel. Para esto, le dará la tierra de Canaán a sus descendientes y Abraham debe creer que esto sucederá como Dios lo promete (Gn 12:2-3 y Gn 15:9-21). La señal de esta alianza es la sangre de los animales que Abraham sacrifica para solemnizar el pacto.

En la alianza del Sinaí, Moisés es el intermediario entre Dios y el pueblo de Israel. Les da los diez mandamientos, es decir, la ley, y les promete una buena y próspera vida en la tierra que les dará, y la protección frente a sus enemigos. Los israelitas, por su parte, deben reconocer y adorar al Dios único, cumplir sus mandamientos y hacer viva la ley en sus vidas. La alianza se confirma con la sangre de los animales derramada sobre el altar y sobre el pueblo (Éx 24:1-8).  
Como el pueblo no fue fiel a su Dios y no cumplió la parte de la alianza que le correspondía, fue derrotado por los babilonios, destruido como nación y llevado al exilio.

Sin embargo, Dios no abandonó a su pueblo y por medio del profeta Jeremías anuncia un nuevo pacto para el futuro, una nueva alianza que será diferente porque ya no estará escrita en piedra o en libros, sino que Dios pondrá su ley al interior de toda persona y la escribirá en el corazón del ser humano (Jer 31:31-33).  
Esta unión profunda entre Dios y las personas se realiza en la alianza nueva y definitiva. Esta nueva alianza la establece Jesús en la última cena con sus discípulos (Lc 22:20) y al derramar su sangre en la cruz. La Carta a los Corintios nos indica que éste es un nuevo acuerdo entre Dios y los seres humanos, escrito en el corazón de las personas por el Espíritu del Dios vivo (2 Co 3:3). El Apocalipsis culmina con la visión de la unión final entre Dios y su pueblo (Ap 21:3-4).

Jesús anuncia la pronta llegada del reino de Dios (Mr 1:14-15), que ya está presente entre las personas (Lc 17:20-21). Los seres humanos, al formar parte de esta alianza, están invitados a vivir el evangelio de Jesús y a buscar el reino de Dios, que se expresa en amar a Dios sobre todas las cosas y en amar al prójimo como a sí mismo (Mt 22:34-40).

La nueva alianza, que Dios ofrece a todos los seres humanos mediante Jesús y que hará posible la instauración de su reinado, se manifestará plenamente cuando Dios sea todo en todos, es decir, cuando cada ser humano esté en unión profunda y consciente con Dios, y cuando toda la creación pueda conocer y unirse a Dios, que se manifestará en toda su plenitud y gloria (1 Co 15:27-28).
